No hay vida lejos del corazón

A veces nuestros corazones se van cerrando y se congelan ante la barbarie informativa: muerte, hambre, dolor y destrucción que a cada segundo se genera en todos los rincones del planeta. A veces habita la vida, la paz y alegría a los que viajan a otros reinos. Un corazón abierto es habitado por el instante eterno, es ilimitado y no lo dicta el tiempo ni el espacio. Y un dolor sucediendo a miles de millas de distancia es vivido como un profundo dolor en tu propio pecho y garganta.

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No son menos muertos en Nigeria, o los que se ahogan en las frías aguas, que quienes se estrellan frente a las nevadas montañas, o los que sienten la tierra resquebrajarse a sus pies, o que ven devoradas sus casas por océanos de lava, que quienes tienen su corazón cerrado y anclado en el reino de la materia.

Vivimos en la dualidad, en la de la rueda de la vida placer/dolor, entre Oriente/Occidente, entre tercer mundo/y la economía del bienestar, entre la materia y el espíritu, entre un credo o color de piel y otro, entre la riqueza y la pobreza … La dualidad la alimentamos todos con cada estilo de vida, elección, emoción, pensamiento y creencia alejada del amor y de la fuente.

Muchos han podido vivir Nepal antes que el llanto de la madre tierra y su rugido todo lo acallara. El caos, los rituales, el ruido del tráfico, los mercados, las velas, las sonrisas de los niños, la pobreza, la vida brillando en los ojos azabache, la solidaridad, los templos y el olor a incienso, valles verdes y montañas nevadas. Un crujido y unos segundos a la casi máxima escala y todo desapareció.

La tierra esta viva genera movimientos que son parte del cambio de frecuencia del planeta. Y nosotros afectamos a ese campo con nuestro nivel de conciencia. Cada vez que generamos odio, rabia o tristeza, la tierra ruge, escupe lava o ahoga con sus aguas. Nuestra misión es aprender a escuchar a la tierra y a nuestros corazones, equilibrar esa energía al enviar amor y luz a quienes están sufriendo. Estos grandes y bruscos giros en la energía pueden ser sostenidos y equilibrados si estamos en nuestro centro y desde ritmo de nuestro corazón expandido.

Muchas culturas ancestrales tienen un mismo saludo para el hola y el adiós, el ALO HA  , el AHO, el NAMASTE TASHI DELEK… todas llevan a reconocer al otro en ti, nuestra divinidad, al SOMOS UNO: “ El ser que habita en mi honra al que habita en ti, os deseo lo mejor, que las condiciones sean buenas y auspiciosas, que podáis elevados a las alturas”.

El Om Mani Padme Hum suena ahora como un susurro, como un llanto interno… miles de vidas no han sido malogradas, si con ello se ha conseguido despertar nuestros corazones. Si ese tránsito del reino de la dualidad y los apegos nos lleva a todos a la Unidad y a la impermanencia de lo eterno… podremos cantar OM MANI PADME HUM aquí en la tierra y allá en el cielo.

Swaranita

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