Yugas de emocionar

YUGAS DEL EMOCIONAR

En nuestro presente, la sexualidad ya no es un placer sagrado, ha sido desacralización en la cultura patriarcal a la que aún pertenecemos.. Usualmente se habla de la historia de lo humano y de los períodos de esta historia atendiendo a los cambios tecnológicos en ella. Yo quiero hacer algo diferente, pues pienso que el curso que sigue el devenir humano es el curso de su emocionar. Por eso lo que quiero hacer ahora es una periodificación de la historia humana atendiendo al curso que ha seguido en ella el emocionar. Según lo que yo pienso, una cultura es una red cerrada de coordinaciones de coordinaciones de conductas y emociones que, bajo la forma de un entrelazamiento recursivo del lenguajear y el emocionar, constituyen todo lo que hacemos como seres humanos en ella. Al mismo tiempo, sostengo que lo que distinguimos al diferenciar las distintas culturas y destacar lo que nos parece propio de cada una de ellas, son las distintas configuraciones del emocionar que definen a cada cultura como un modo particular de convivir. En otras palabras, sostengo que al distinguir distintas culturas, distinguimos distintas redes cerradas de conversaciones que de hecho realizan distintos modos de convivir como distintos modos de ver, oír, hacer, pensar, razonar, desear, relacionarse y emocionar. En fin, reconociendo que lo que define a las distintas culturas como distintos modos de vivir y convivir es la configuración del emocionar que las caracteriza, propongo la siguiente periodificación del devenir de lo humano en edades según la historia del emocionar.

EDAD I: EDAD DE LA COLABORACIÓN Y LA HONESTIDAD: EDAD MATRÍSTICA

Esta edad se extiende desde el origen de lo humano en el convivir en el conversar, esto es, desde hace tres o más millones de años hasta el origen de la cultura patriarcal occidental, unos diez o doce mil años en el origen de la vida pastora. El emocionar básico espontáneo de esta edad es el amor, y de allí lo es también la honestidad como componente emocional propio de cuando se vive implícitamente confiando en la coherencia natural de la biosfera y el cosmos. Esta edad corresponde a un período del devenir humano que se establece en la conservación sistémica del vivir y convivir en el emocionar que la define, al aprender los niños a convivir en ese emocionar al crecer y convivir en él. Más aún, esta edad duró en tanto se conservó ese emocionar en el aprendizaje de los niños como el trasfondo relacional en el que ocurrían todos los cambios de las particularidades del vivir, fueran éstos de la técnica, la conducta o las relaciones interpersonales. La colaboración sólo ocurre en el amor, y es posible sólo en la apertura relacional que surge de la aceptación de la legitimidad de todo, propia de la confianza en las coherencias operacionales de la biosfera y el cosmos que éste implica. En esta edad no hay ni bien ni mal, sólo participación o no en las coherencias operacionales de la biosfera y el cosmos. Cuando se rompen tales coherencias, se producen desarmonías en el vivir, y con ello, infelicidad. Como en esta edad no hay ni bien ni mal, no hay culpa, sólo se es consciente o no de las rupturas de las coherencias de la biosfera y el cosmos, y se actúa o no de acuerdo a esa conciencia. En esta edad, actuar en conciencia de la ruptura de las coherencias naturales de la biosfera o el cosmos, era realizar alguna acción (ritual o mágica) que recuperase esa coherencia.

EDAD II: EDAD DE LA APROPIACIÓN, LA DESCONFIANZA Y EL CONTROL, LA DOMINACIÓN Y EL SOMETIMIENTO: EDAD PATRIARCAL

Esta edad se extiende desde el origen de la cultura patriarcal occidental diez a doce mil años atrás con el comienzo del pastoreo hasta el presente. El emocionar de esta edad se centra en la desconfianza como el núcleo eje de una configuración dinámica de emociones que se mueven entrelazando el control, la apropiación, la dominación, el sometimiento, la codicia, la arrogancia, el miedo, la enemistad, la guerra, la devaluación de las emociones y de la mujer, la valoración de la procreación, la desacralización del sexo,… la discriminación y el abuso en el ámbito del bien y el mal con sentimientos de culpa cuando la biología del amor activamente suprimida desde la razón recupera su presencia por unos momentos. Esta edad, al igual que la anterior, se conserva de manera sistémica en el vivir y el aprender a vivir el emocionar que la define por los niños que crecen en ella, y dura como tal en tanto se conserva ese emocionar como el trasfondo operacional en torno al cual ocurren todos los cambios que surgen (en la técnica, la conducta y las relaciones) en su devenir histórico.

Los cambios culturales ocurren como cambios en el emocionar, y en general pasan de manera espontánea no intencional. Si no hay cambio en el emocionar, no hay cambio cultural, cualesquiera sean los cambios tecnológicos o de las prácticas del hacer cotidiano que por otras circunstancias ocurran en el devenir de una comunidad humana. Por eso pienso que esta segunda edad tiene que haber surgido en un cambio fundamental sobre el emocionar de la edad anterior que ocurrió de manera espontánea, no intencional, como consecuencia de alguna variación conductual que pudo haber sido intrascendente. Y pienso que esto tiene que haber ocurrido con el comienzo de la vida pastora por el cambio en el emocionar que de hecho implica el restringir la libertad de movimiento de otro ser, como ocurre en el pastoreo.

Todo hacer o acto humano ocurre desde una emoción que lo hace posible, y toda emoción ocurre en un hacer o acto. ¿Cómo se pasa desde el emocionar de la primera edad, que se centra en el amor, al emocionar de la segunda edad, que se centra en la desconfianza? Yo propongo que esto pasa con el origen de la vida pastora, y que el emocionar en que ésta surge constituye el origen del patriarcado. A continuación veamos lo que propongo. En mi opinión, esta segunda edad se inicia con el origen del pastoreo al comenzar los niños, y luego los niños de esos niños, como resultado de una pérdida ocasional de la confianza de sus padres en las coherencias naturales de la biosfera y el cosmos, a impedir a los lobos (que se alimentaban como ellos de las mismas manadas migratorias que ambos seguían), en forma sistemática y como si hacer eso fuese algo legítimo, su acceso a los animales que eran su comida natural. Lo que pienso que debe haber pasado es que los adultos que impidieron al lobo su normal acceso a los animales de la manada, de la cual tanto ellos como el lobo eran comensales, tal vez porque sentían que había pocos animales después de un crudo invierno, si sabían que ese acto rompía las coherencias normales de la existencia. Al mismo tiempo, pienso que ellos también sabían que debían hacer algún rito o acto mágico para restituir esas coherencias, pero lo olvidaron o no lo enseñaron de manera adecuada en ese momento a sus niños, los que al no aprender el rito, aprendieron a excluir al lobo de su comida como algo legítimo, en un acto que abrió el camino para un cambio total del emocionar en su vivir y convivir.

En resumen, lo que propongo es que el pastoreo aparece en el momento en que una familia comienza a controlar la movilidad de un grupo de animales silvestres migratorios, y que el cambio en el emocionar cotidiano que ello implica da origen al patriarcado como modo de convivencia e instala esta segunda edad. Es decir, lo que propongo es Que por su modo de origen, el pastoreo surge como un modo de vida centrado en la desconfianza implícita en el impedir al lobo el acceso a su comida natural en un acto que constituye el emocionar de la apropiación, y que lleva de modo inevitable a la búsqueda del control de todo en la manipulación de la existencia. Y con la manipulación de la existencia también surge de manera inevitable toda la configuración del emocionar que constituye a esta edad en la apropiación, el control de la procreación, la codicia, la dominación y el sometimiento, la discriminación, la enemistad, el bien y el mal, la lucha, la guerra, la esclavitud, la deshonestidad, el uso político del sexo y el sometimiento de la mujer al patriarca como autoridad total, en fin, el presente patriarcal en que aún nos encontramos.

Al mismo tiempo, pienso que hay una tercera edad posible en cuyas puertas nos encontramos, pero que el pasar a ella requiere de un acto intencional. Entraremos a esta tercera edad sólo si lo queremos.

EDAD III EDAD DE LA HONESTIDAD Y LA COLABORACIÓN: EDAD NEOMATRÍSTICA
El emocionar fundamental de esta edad es la honestidad que abre espacio a la biología del amor, y con ello, al emocionar de la colaboración y el respeto mutuo. Esta edad sólo puede surgir en el presente desde un acto intencional que haga de la honestidad el eje del emocionar que la define en sus comienzos. Sólo después de vivirse en ella algunas generaciones de modo que nuestros niños crezcan en ella como algo natural, podrían la honestidad y la colaboración ser nuevamente aspectos de la convivencia que los niños adquieren en la espontaneidad de su convivir familiar.

Esta edad tercera podría comenzar ahora, pero no ocurrirá por sí sola de manera espontánea. En esta edad se invierten las relaciones de colaboración y honestidad de la primera, pues en general ya no ocurre entre nosotros la colaboración como algo que aprendemos en la infancia y conservamos durante toda la vida como un aspecto natural y espontáneo de la convivencia. En la edad en que aún estamos (la segunda), la deshonestidad es vista como habilidad para el vivir cotidiano en la competencia, y la cultivamos viviendo en ceguera sobre nuestro emocionar al usar la razón para oscurecer motivos y deseos inconscientes, motivos y deseos que no queremos reconocer públicamente. Aún podríamos cambiar si lo quisiésemos, pero este cambio requiere de un acto intencional de orientación hacia la honestidad total que nos abre a la biología del amor como un hacer consciente en el deseo de vivir en el respeto mutuo y la colaboración.

Vivimos una encrucijada histórica en la que el cambio de edad emocional hacia la edad de la honestidad y colaboración en el devenir humano es posible, si lo queremos. Digo esto porque me parece que el cambio de conciencia que hace posible el paso a la edad tercera se está produciendo ahora, y hay que apoyarlo si se quiere que de hecho ocurra y que no sea al fin aplastado por el peso de los argumentos racionales de la cultura patriarcal que conservan la cultura patriarcal.

Riane Eisler en un libro sobre el placer sagrado no habla de cultura matrística, cultura patriarcal y cultura neomatrística, como yo lo hago. Ella habla de cultura dominadora y de cultura de coexistencia participativa en el ámbito de lo masculino y lo femenino, porque su atención está puesta en la relación de los sexos considerándola en una medida importante desde una perspectiva tanto económica como política. Mi mirada en esto es diferente. Para mí, los aspectos relaciónales que en el presente llamamos lo político o lo económico, corresponden a los resultados del emocionar que guía las relaciones interpersonales en nuestra cultura patriarcal, y considero que la discriminación sexual en ella es secundaria tanto con respecto a las relaciones de dominación y sometimiento como con respecto a la valoración de la procreación. Por eso considero que debe ser primaria la mirada a las emociones como lo que guía y define lo que pasa en las conductas relaciónales. En la periodificación de la historia de lo humano que propongo, la emoción central de la primera edad (edad de la colaboración y la honestidad) es el amor, y en ella, el amor constituye el eje de todas las relaciones, de modo que en esta edad no se da lo que desde la cultura patriarcal llamamos lo económico o lo político. En la edad segunda (edad de la codicia, la apropiación, la desconfianza y el control), el eje emocional es la desconfianza y el control, y en ella, este emocionar define todo lo que desde ella misma llamamos lo económico y lo político. Por último, si pasásemos a la edad tercera (edad de la honestidad y la colaboración), la emoción que constituiría su eje relacional sería precisamente la honestidad como un acto intencional que nos abre nuevamente a la presencia de la biología del amor, y no ocurriría en ella lo que desde la cultura patriarcal en que aún estamos llamamos lo económico o lo político.

Pienso que mientras no nos hagamos cargo del carácter básico de las emociones como fundamento de nuestro quehacer y nuestro razonar, no podremos comprender el vivir humano y animal, y no podremos vivir el cambio de conciencia que nos permitirá entrar desde nuestra comprensión como un acto intencional a la edad de la honestidad y la colaboración en la recuperación de la biología del amor como el eje emocional de nuestro convivir. Es verdad que nos encontramos en la cultura patriarcal que nos ciega y limita en el emocionar que queremos recuperar. Pero la cultura patriarcal también nos entrega la posibilidad de salir de ella con el único don no engañoso que nos ofrece, y que es el entrelazamiento siempre honesto, si se da, de la emoción y la razón que es la reflexión. La reflexión es un acto que suelta las certidumbres y permite mirar a la propia circunstancia desde la biología del amor sin autoengaño, para luego construir lo que se desea mediante un razonar que se funda en premisas aceptadas con conciencia de ellas, desde el amor que es la emoción que hace posible el ver reflexivo en el ámbito relacional porque acepta el ver. La reflexión, como acto que entrelaza la emoción y la razón, nos permite salir de cualquier trampa.

Ese magnífico libro de Riane es parte de ese cambio de conciencia al hacer una develación de la historia de lo humano en la edad segunda, edad patriarcal, y llevarnos a verla en su continua violación de la biología del amor. Leámoslo y dejémonos inspirar por él para ser partícipes del cambio en el emocionar de la convivencia en que participa, y atrevámonos a la honestidad total, sin pretender que el error quede complemente alejado de nosotros. La búsqueda de la perfección lleva a la tiranía. El error lo podemos corregir si lo respetamos, la deshonestidad hacia nosotros y hacia los demás, no.

Fuente: Humberto Maturana (Méjico)

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