Cuidar las energías con las que interactuamos sexualmente

CUIDAR LAS ENERGIAS CON LAS QUE INTERACTUAMOS

“La visión Tántrica lo acepta todo. El Tantra no prohíbe nada. Cualquier cosa que experimentes, tanto si normalmente lo consideras bueno o malo, constituye una oportunidad de aprendizaje. Por ejemplo, el Tantra no ve de forma negativa una situación en que te sientas sexualmente frustrado, sino que más bien lo considera una lección, constituye una oportunidad para ti para que comprendas qué es lo que te motiva de la práctica sexual… ¿Qué significa para ti el Sexo? ¿En qué momento has repetido esta pauta de conducta en el pasado? ¿Por qué continúas o toleras la situación? ¿Qué oportunidades de cambio tienes a tu alcance?

A partir de estas preguntas te haces una idea de cómo conseguir que tu vida sexual funcione mejor. Esta perspectiva te puede servir de patrón para el tipo de experiencias que deseas crear.

En el Tantra no hay división entre lo que es bueno y lo que es malo, lo que es aceptable y lo que no lo es. Por ejemplo, en el Tantra, no existe juicio moral sobre las preferencias sexuales de cada persona. El Tantra no se centra tanto en con quién lo haces, sino en cómo lo haces. Por consiguiente, cualquier persona puede seguir esta vía.

La visión Tántrica es de plenitud, de abarcarlo todo ya que cada situación, sea agradable o desagradable, constituye una oportunidad para concientizarte sobre lo que eres y cómo puedes ampliar tus posibilidades, incluso aquello que normalmente rechazas o escondes.

Este punto de vista implica además, que en el interior de cada ser humano adulto, hay un espíritu natural, sano, infantil, capaz de explorar abierta e inocentemente un territorio desconocido. La inocencia de este espíritu permanece intacta y representa nuestra capacidad natural para disfrutar de la vida, para amar, jugar y llegar al éxtasis. Denominamos a este aspecto del yo como el “Yo del éxtasis”.

“Quién conoce lo masculino y sin embargo lo adhiere a lo que es femenino, llega a ser como un barranco que recibe todo lo que hay sobre la faz de la tierra”

Puesto que el Tántra cree en la totalidad, abarca también lo contrario, no viéndolo como contradicciones, sino como complementos. De ahí que el concepto masculino y el femenino no estén separados (divididos eternamente por el condicionante del género), sino que se consideran como dos polaridades que se encuentran y se funden en cada ser humano. El Tantra reconoce que cada ser humano, sea hombre o mujer, tiene cualidades masculinas y femeninas.

Esto significa que rechazando los estereotipos de género, podemos ampliar infinitamente nuestra identidad sexual, rindiendo homenaje a la propia polaridad que ha sido ignorada hasta hoy.

En el Tantra, el HOMBRE siente el impulso de explorar sus aspectos tiernos, receptivos, vulnerables y femeninos. Puede desprenderse de la carga de sus responsabilidades masculinas, detener la representación, relajarse, tomarse la sexualidad con calma, hacer el amor sin un objetivo específico, permitirse el recibir mientras su pareja actúa. La MUJER, por su parte, puede investigar su dimensión masculina, tomar conciencia de que es capaz de dirigir de una forma dinámica el acto amoroso, tomar la iniciativa, crear nuevas formas de conducción, enseñar y proporcionarse placer a sí misma y a su pareja. El hombre no renuncia a su masculinidad ni la mujer abandona su feminidad. Simplemente amplían su potencial para abarcar la otra polaridad.

Cuando se funden las polaridades masculina y femenina, se alcanza una nueva dimensión: la sensación de lo sagrado. Cuando se experimenta lo sagrado en la unión sexual, se puede sentir la unión con la propia fuerza de la vida. El origen de la creación. Esta unión eleva tu conciencia más allá del plano físico para llegar al del poder y la energía, que es más amplio que el tuyo. Es entonces cuando te sientes vinculado, a través del parteniere, a todo lo que vive y ama.

Te sientes parte de la gran danza de la existencia; te sientes que formas parte de ella. Al introducir una dimensión sagrada en el amor sexual, ambas partes se concientizan en las cualidades divinas que poseen. Con eso quiero decir que reconocen su auténtico potencial como infinitos e ilimitados.

En el Tantra descubres que rindiendo homenaje al Dios o Diosa que llevas dentro, tu pareja es capaz de ver más allá de las limitaciones que le impone su propia personalidad y viendo lo divino en ti, percibe en sí mismo el potencial en su interior. Tu pareja se convierte en un reflejo de tu propia naturaleza semejante a Dios.

De aquí que la salutación Tántrica sea: “Te rindo homenaje al ser un aspecto de mí mismo”. Y ello significa: “Los dos somos uno, tu conciencia es un reflejo de la mía”. De momento te puede parecer una fórmula compleja, pero llegaras a verlo como un mecanismo para avanzar más allá de la imágenes autoimpuestas y restrictivas con las que la gente tiende a limitarse.

El Tantra contempla la unión sexual no sólo como algo sagrado, sino como un arte. Es interesante constatar que la raíz sánscrita de la palabra, significa “unido adecuadamente”. Para experimentar el Tántra, los amantes deben conocer una gran variedad de técnicas, como conversación, danza, ceremonia, masajes, arte floral, vestidos y maquillaje, música, higiene, respiración y meditación, entre otras.

Cuando se aprenden las artes eróticas de esta forma, se produce una gran revitalización en la sexualidad. El acto sexual ya no es una cuestión de rapidez y tensión saturada de riesgos de enfermedad (transmitidas por compañeros que no se han tomado el tiempo de hacer una preparación global), ahora sería un intercambio seguro y saludable entre compañeros que se respetan y se conocen intelectualmente, emocionalmente y sensualmente antes de iniciar la unión sexual. Esto es lo que se requiere hoy en día de forma inminente: una perspectiva sexual alegre, cariñosa, amplia, que haga de la sexualidad algo saludable y a la vez proporcione el éxtasis. Una resurrección moderna del Tantra te puede ofrecer estas alternativas, reduciendo asimismo la despreocupación que contribuye a fomentar las enfermedades de transmisión sexual.

Según el Tantra, la sexualidad es, ante todo, una cuestión de energía y el Tantra considera la energía como el movimiento de la vida.

En el interior del cuerpo humano, la energía se encuentra constantemente en movimiento. Por ejemplo, el núcleo y los electrones de un átomo tienen movimientos y ritmos vibratorios característicos; lo mismo sucede en las moléculas, las células y los órganos del cuerpo humano. Cada célula del cuerpo late rítmicamente y lo mismo hace el corazón, el diafragma, así como los intestinos, los pulmones, el cerebro y los demás órganos fisiológicos. Las vibraciones de estos movimientos rítmicos generan corrientes bio-eléctricas que fluyen energía que circunda en tu cuerpo, además de que tu estado de ánimo y tus emociones, generan vibraciones específicas que también alteran estos campos de energía.

El Tantra considera a cada ser humano como un organismo que forma parte de un todo más amplio (el entorno, el planeta Tierra, la propia naturaleza), donde el ritmo y las vibraciones son factores unificadores. Estos factores también influyen en la relación entre las personas o parejas. Por ello el Tantra enseña a los amantes a armonizar sus energías, a estar en la misma longitud de onda creando una resonancia entre sus campos de energía. En el Tantra, el arte de crear este tipo de resonancia, equivale a lo que denominamos juego preparatorio.

Según una de las ideas más profundas del Tantra, el cuerpo humano es un fenómeno de energía simple. En un extremo del espectro. A nivel físico, esta energía se expresa en la vía del sexo. En el otro extremo del espectro, a nivel de sistema nervioso y cerebro, la energía se experimenta como éxtasis. La vía sexual tiene una energía instintiva, pura, sin refinar.

A través de los ejercicios de ésta guía, descubrirás que ésta misma vía sexual puede transformarse y refinarse hasta llegar al éxtasis. Sin embargo, se trata de una sola energía que se manifiesta de diferentes formas. Es así que la energía sexual debe aceptarse y respetarse como materia pura (el “petróleo crudo”) a partir del cual se produce el “súper-carburante” del éxtasis.

Se dice que los primeros místicos orientales vislumbraron por primera vez la iluminación espiritual en el momento del orgasmo. En efecto, muchas personas han experimentado que el orgasmo puede trasportarlas temporalmente a un estado de embeleso (éxtasis). Durante unos segundos la mente se libera del pensamiento, desaparece el sentido egocéntrico de la vida y avanzas fuera del tiempo en el “presente” eterno de la felicidad.

Por ello, la sexualidad para los primeros místicos era el auténtico origen de la “experiencia religiosa”, como puede continuar siéndolo hoy, si se dan las actitudes y condiciones adecuadas.

“El Tántra es un culto al éxtasis, una religión personal basada en la experiencia mísitica del placer más que un dogma establecido. Para un tántrico, el sexo es sagrado. Es veneración; es dar energía y dar vida. El arte, la literatura y los ritos religiosos tántricos glorifican el sexo. Lo tántrico es anti-ascético: reafirma la vida. Enseña a descubrir lo divino a través de la exaltación del todo humano. En el Tántra intervienen todos los sentidos, la mente y el espíritu para alcanzar las cumbres mísiticas”. –Kamal Devi- “The Eastern Way of Love”

“De la misma forma que la energía sexual ha ayudado al hombre a pasar del estado espiritual a lo corporal, puede ayudarle también a deovlverle con plena conciencia a su estado divino primordial de plenitud“. -Elizabeth Haich- “Sexual Energy & Yoga”

Fuente: R Zaragoza

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